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Redención: el coleccionista de ángeles (Cap 6!)

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NotaPublicado: 16/Sep/2015, 17:22 
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Registrado: 10/Jun/2011, 18:01
Ubicación: ajatt.com
V4V escribió:
Eric lo miró, vaciló durante unos segundos, y reconoció el echo.

Es hecho, con "h".
Por lo demás está bien. No se hace pesada la lectura, y la longitud está bien xD
Yo apoyo que sigas ese estilo, a no ser que con el otro estés más cómodo.

Saludos

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NotaPublicado: 16/Sep/2015, 17:57 
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Registrado: 07/Ago/2015, 21:06
Ubicación: Espiándonte desde la ventana
He hecho un esfuerzo por leer, ya que me lío mucho con tantos párrafos.
Usas un buen vocabulario ¡Sigue así!

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'Nunca sabes lo que tienes, hasta que lo pierdes'.

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NotaPublicado: 16/Sep/2015, 19:42 
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Registrado: 11/Sep/2015, 17:36
Ubicación: en mi galaxia
¡Buenas! Lamento los errores ortográficos. Algunos son debido a la escritura rápida del ordenador, y otros debido a algunas dudas que me surgen y que me superan (¿"un echo", o "un hecho"?). En fin, aquí os traigo la continuación siguiendo el estilo que preferís. ^^ Por cierto, sigo manteniendo la sugerencia que hice, si os hace gracia que meta en la historia algún personaje que hayáis ideado vosotros, ¡enviadme MP y se habla! :)

CAPÍTULO III: Silencio

El reloj marcaba las 23:47. Daniel se encontraba en una fría habitación de hospital junto a Cristina, la hermana mayor, de unos 19 años, de la niña que fue rescatada del incendio. Violeta, la niña pequeña, ahora descansaba tumbada en una camilla de hospital, conectada a diferentes aparatos. Cristina, en silencio, se tapaba el rostro con ambas manos. Levantó la vista un segundo y con los ojos vidriosos clavó la mirada en el cuerpo de su hermana, que parecía haber perdido la vida en el accidente. Acto seguido, sin siquiera mirar a Daniel, que permanecía ahí, expectante, esperando el despertar de aquella inocente criatura, se levantó.
- Los médicos dijeron que necesita descanso, pero lo único que he visto hasta ahora han sido médicos yendo y viniendo. Seguro que es más grave de lo que parece... y todo porque le mandé a buscar cuatro estúpidos papeles... qué asco doy...
Daniel entendía aquél odio profundo hacia uno mismo que se había apoderado de Cristina. Él había perdido a su mejor amigo dos años atrás, en una explosión de gas en su casa. Aquél día Daniel y su amigo, David, habían quedado para salir al parque a jugar al fútbol, como solían hacer. Pero a última hora Daniel se echó atrás porque, apenas una hora antes, habían discutido por una tontería.

Aquél pequeño error lo consumiría día a día, hasta que dos días después, entre los escombros, los bomberos encontraron un pequeño cuaderno que David guardaba con empeño en una caja fuerte. Ni Daniel ni los padres de David, que desgraciadamente también habían fallecido en el accidente, conocían la existencia de ese cuaderno. La primera noche en que sostuvo el cuaderno en sus manos lo leyó varias veces y, más allá de encontrar tonterías banales sin sentido alguno, dibujos o un diario privado, encontró en esas hojas un mundo diferente que él nunca había visto hasta ahora. Las constantes palabras como "muerte", "soledad", "tristeza" o "diferente" le atravesaban los ojos y se le clavaban en la mente como clavos ardientes. Desde entonces Daniel siguió escribiendo en ese cuaderno y, guardándolo con el respeto y la dedicación que su amigo le había dado, lo continuó día a día, llenándolo de tétricas reflexiones sobre la vida y la muerte. Siempre sintió como que, al escribir, llenaba esas hojas con la sangre y la voluntad de su mejor amigo y que, mientras escribiera en ese libro, él seguiría vivo.
- Vamos, cálmate, no es tu culpa -respondió Daniel, con el dolor que esa mirada le había hecho recordar- nadie vio venir que eso ocurriría...
- Ni siquiera sabemos si se recuperará. Los médicos no cuentan nada... eso no es algo bueno...
Aquella noche pasó más lenta de lo normal. Daniel había alertado a sus padres de lo ocurrido y ellos extrañamente le dieron permiso para quedarse en el hospital.
Cristina, aún en pie, suspiró.
- Iré a tomar el aire...
- Será lo mejor, yo me quedaré aquí por si acaso -añadió Daniel, sintiéndose algo aliviado al ver que ella había sabido controlar su desesperación. Cristina y Violeta habían perdido a sus padres cuando apenas era unas niñas. No recordaban mucho acerca de cómo se quedaron sin padres, pero crecieron aceptando esa realidad, y años después conocieron a Daniel de casualidad, entablando así una férrea amistad.
El silencio se apoderaba cada vez más del lugar; sólo se escuchaba a médicos y enfermeras ir con prisa de un lado al otro desde la puerta. Daniel se quedó mirando la puerta, sin saber mucho en qué estaba pensando, cuando alguien entró. Era un hombre mayor, de unos 45 años de edad, con unas pintas un tanto extrañas. Pero la situación hizo que Daniel no se percatara en esos detalles.
- Qué frío hace ahí afuera, ¿no? -comentó aquél hombre.
- ¿Quién es usted? -replicó Daniel, un tanto incómodo por aquella presencia.
- Soy el tío de Violeta, he venido a ver cómo está.
"¿Su tío? Ella no me ha hablado nunca de él, ¿habrá renegado de él en algún momento de su vida?" pensó Daniel para sí mismo. Le habría gustado preguntarle más sobre su identidad, pero le parecía que en esa situación sería algo grosero.
- Yo creo que se recuperará. Aunque los médicos no dicen nada de su estado.
El hombre, como si no hubiera escuchado lo que Daniel le acababa de decir, se acercó a Violeta, le acarició la cara y le susurró algo al oído. Acto seguido, se quedó viendo la niña, que descansaba en silencio, y soltó:
- Sigues tan frágil cómo cuando te vi nacer... tan inocente... Nadie podría haber evitado el incendio...
Aquél hombre estaba poniendo de los nervios a Daniel. "¿Qué sabe este tío acerca del incendio?" se preguntaba, pero cuando el hombre vio que Daniel lo miraba incómodo, se acercó a la puerta y dijo, antes de desaparecer:
- Un placer, Daniel.
Aquella frase le dejó helado, "¿De qué me conoce este tío raro?" se preguntaba una y otra vez, haciendo memoria, tratando de recordar algún momento en que lo hubiera visto o hablado con él.
- Este hombre... ¿de qué me suena...?
Segundos después entró Cristina, con un café en la mano.
- Daniel, ¿por qué no bajas tú también a tomar el aire, y ya de paso tomas algo?
- Será lo mejor. Créeme que ahora mismo lo necesito... - respondió Daniel, aún perturbado por lo que acababa de ocurrir- Cristina, esto...
- ¿Sí? -preguntó ella, suspirando.
Daniel pretendía avisarle de lo ocurrido, pero estaba seguro de que si no le había contado nada de aquél hombre, era por algo. Así pues, prefirió no darle la noticia.
- Ah... nada... relájate un poco. Todo saldrá bien, ya verás. -respondió Daniel, intentando sonreír.

Al salir de la habitación Daniel empezó a pasear un poco por los diferentes pasillos y salas del hospital. Le apetecía salir, pero no quería coger un catarro.
- ¿De qué conozco yo a ese tipo...? ¡Ay, la hostia! Pero si ese tío... -exclamó Daniel, cómo habiendo llegado a una respuesta que le había costado mucho esfuerzo y que por fin recordaba. Pero el empeño en responderse era tan grande que la respuesta se le olvidó tan rápido como vino.
E, intentando encontrar una respuesta a algo que cada vez le consumía más por dentro, Daniel frenó en seco, ante una imagen que le congelaría el corazón nada más darse cuenta de quién estaba tumbado en la camilla de hospital. Sólo fueron unos segundos, en lo que la enfermera pasó por su lado a toda prisa, tirando de una camilla de hospital con un hombre inconsciente encima.
- No puede ser... ¡No! -exclamó hacia sí mismo, sin creer lo que acababa de ver.

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Ni en el eterno marchitar de los tulipanes, ni en el germinar de la ignorancia, aún cuando la luz parece de tu lado, no podremos sentirnos iguales; pues ni con la llama llena de gracia, arderá lo que ya se ha quemado.


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NotaPublicado: 16/Sep/2015, 20:03 
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Registrado: 10/Jun/2011, 18:01
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V4V escribió:
Lamento los errores ortográficos. Algunos son debido a la escritura rápida del ordenador, y otros debido a algunas dudas que me surgen y que me superan (¿"un echo", o "un hecho"?)

Un hecho. La diferencia es que hecho es del verbo hacer y echo del verbo echar. xD

Procedo a comentar el capítulo:
Aunque sea corto, no lo es demasiado y es lo suficiente como para seguirlo sin que sepa a poco.
Fijo el "tío" es un violador xD
El prota amigo de las dos hermanas, ahí hay harem y rivalidad.
A ver quién es el que la palmó al final.

Saludos!

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NotaPublicado: 17/Sep/2015, 00:57 
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Registrado: 11/Sep/2015, 17:36
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¡Buah! ¡Qué tocho os voy a soltar ahora! Espero que lo disfrutéis leyendo tanto como yo lo disfruto escribiendo.

CAPÍTULO IV: Papel mojado


Daniel no podía creer lo que acababa de ver, así que empezó a seguir a la enfermera que llevaba el paciente que tanto lo inquietaba. La enfermera era rápida, y Daniel sabía que si la perdía de vista le sería difícil de encontrar alguna respuesta. La persecución no duró mucho, y Daniel se detuvo frente la habitación a la que habían llevado al paciente. "Habitación 78". Se quedó parado frente a ese cartel que numeraba la estancia, la duda y el miedo a tener que afrontar más problemas, si las repuestas que encontraba no eran de su agrado, le aterraban. Pero no se echó atrás; tragando saliva entró en la habitación, y ahí estaba él.
El cuerpo del padre de Claudio, se hallaba tendido en esa camilla, rodeado de cuatro médicos que no paraban de hablar entre ellos preocupadamente. Daniel conocía en persona al padre de Claudio, un abogado de fama, amigo de su padre. Muchas veces se habían reunido ambas familias para largas cenas charlando de temas triviales, pero realmente Daniel nunca fue muy buen amigo de Claudio. Él era frío, antipático, egoísta... todo desde que su madre falleció de cáncer; y Claudio intentaba entenderlo y hacerse amigo suyo, pero sólo recibía evasivas y respuestas orgullosas a cambio.
La máquina de los latidos del corazón empezó a pitar de forma irregular, y Daniel se percató de ello cuando vio que los médicos volvían a alterarse y a intentar reanimar el cuerpo yacente del padre de Claudio. El último pitido de esa máquina infernal obstruyó el oído de Daniel, que empezaba a preguntarse por qué ocurría todo eso en tan corto margen. "No puede ser posible... tantas desgracias en tan poco tiempo, y Claudio ni siquiera está aquí para cuidar de su padre ¿tan bajo ha caído?" se decía a sí mismo, una y otra vez. Esa frase que se acababa de decir para sí mismo, "tantas desgracias en tan poco tiempo", le resonaba en la cabeza sin parar.
Eran tantas las preguntas que en ese momento ocupaban la mente de Daniel, que no se percató de que uno de los médicos ahí presentes se había detenido frente a él.
- Disculpa, ¿eres pariente del fallecido? -preguntó el médico, con una carpeta en la mano
- Eh... sí - respondió Daniel. No tenía ningún lazo de sangre, pero sabía que si quería encontrar una respuesta tenía que actuar, pues no pensaba que su hijo lo haría- soy su hijo, ¿cómo se encuentra mi padre?
- Lo siento -replicó el médico, agachando ligeramente la cabeza- no hemos podido hacer mucho. El estado en que lo encontraron no aguardaba nada bueno... lamento la pérdida.
- ¿Dijo algo de mí, cuando aún podía hablar? -preguntó Daniel, tratando de fingir una profunda tristeza por la pérdida de un familiar tan cercano.
- No nos dijo nada, pero encontramos un dispositivo USB en su bolsillo y una nota de papel plegada, y supongo que ahora es tuyo. Toma. -añadió el médico, tendiéndole la mano y haciéndole entrega de ese pequeño legado.
- Gracias, doctor. ¿Necesita que me quede o puedo irme? No aguanto este dolor... -Daniel intentaba parecer afectado, pero la euforia interior que sentía en ese momento, al saber que por fin tendría alguna respuesta, se lo hacía difícil.
- Claro, descansa y recupérate de la mala noticia. Nosotros nos encargamos del resto, tan sólo firma aquí para hacernos saber si estás de acuerdo en donar el cuerpo de tu padre al hospital, para ayudarnos a avanzar en nuestros estudios.
- No hay problema en eso.- "¿No hay problema en eso? ¡Claro que lo hay, no es tu padre, imbécil!" se decía a sí mismo, sabiendo que no estaba haciendo lo correcto. De todas formas Daniel dio su firma y su aprobación para que se efectuara la donación, a pesar de los remordimientos que ese gesto le había causado. Habiendo firmado, y habiendo visto como se llevaban el cuerpo y desaparecía al final del pasillo, Daniel pensó en irse y avisar a Cristina por el móvil, pero no se sentía capaz de dejarla sola en ese momento tan difícil. Así pues, aunque ardiera de ganas de ir a su casa y mirar el contenido del USB, decidió quedarse con Cristina. Pero cual fue la sorpresa cuando Daniel, intentando recordar que la habitación dónde se encontraba Violeta era la 37, se dio cuenta de que tal habitación estaba ocupada por otro paciente. "¿Me estoy volviendo loco? ¡Esta era la habitación de Violeta! ¿Qué leñe hace ese tipo ahí? ¡¿Y Cristina?!" soltó en voz baja, intentando comprender qué estaba ocurriendo.
- No puede ser, bajaré a recepción a preguntar.
Al llegar a la recepción del hospital se puso a la cola de los que esperaban. Antes que él se encontraba una señora mayor que, al parecer, preguntaba por su marido, y un hombre al que Daniel no logró verle el rostro, pues se encontraba espaldas a él. Con el aburrimiento y la prisa, Daniel puso sus manos en los bolsillos y notó la nota de papel que el médico le había entregado. La nota estaba doblemente doblada y, a medida que la desplegaba, su emoción crecía. "¿Qué habrá? ¿Una declaración, una última voluntad, una contraseña, una foto...?" se preguntaba una y otra vez. Daniel la abrió totalmente y lo único que encontró fue lo que, a primera vista, parecían unos códigos, "6-21-5-7-15, 14-15-3-8-5, 1-13-2-1-18, 1-14-7-5-12, 22-9-4-1".
- ¿Pero qué...? -dijo inconscientemente, al no entender lo que estaba leyendo.
- Disculpe, ¿qué necesita?- oyó. Levantó la vista y vio que la chica de la recepción le miraba a los ojos, esperando que él le respondiera.
- Oh, ah, sí... esto... ¿Puede decirme en qué habitación se aloja Violeta Cruz García, por favor?
La chica miró en el ordenador durante unos minutos, cada vez más dudosa de si lo que Daniel le acababa de preguntar era una broma. Finalmente, se dirigió a Daniel para responderle.
- Lo lamento, no nos consta que nadie con ese nombre esté actualmente en este hospital.
Daniel no sabía qué pensar. ¿Podían los operarios de ese hospital estar engañándole? Lo pensó, pero llegó a la conclusión de que eso no podía ser cierto, a fin de cuentas ese era su trabajo y no ganaban nada mintiéndole. Daniel, confuso, se giró y se marchó sin decir nada.
- ¡Chico, espera un segundo! -exclamó para él, la recepcionista.- en nuestra base de datos de pacientes nos dice que hace cosa de un mes estuvo hospitalizada aquí una niña de 12 años con ese nombre.
Al escuchar tal ridiculez Daniel se acercó a toda prisa a ver si lo que decía la mujer era cierto. La chica siguió leyendo el historial de pacientes y añadió:
- Le dieron el exitus a los dos días de ser ingresada. Al parecer llegó aquí con quemaduras de primer y segundo grado, y con una intoxicación severa por inhalación de humor. Si ésta era la paciente que buscabas, lo lamento de corazón.
Daniel entró en un profundo pánico y desconcierto consigo mismo al escuchar lo que le acababa de decir aquella chica. "No puede ser... No puede ser... ¡No puede ser! Si esto fue hoy, o ayer.... ¡No puede ser! ¿Qué está ocurriendo?" pensaba para sus adentros. La situación era demasiado agobiante para él, el sudor frío se le escurría por la piel y, tal era su necesidad de salir de aquél lugar, que al salir corriendo al exterior, no se dio cuenta de que la lluvia había empapado su ropa repentinamente.
- ¿Llueve...? Gracias... lo necesitaba...
Daniel respiró profundamente e intentó dar un sentido lógico a todo lo que acababa de suceder. Se sentó en un banco, a pesar de que la lluvia lo había mojado completamente. La lluvia seguía cayendo sobre las cabezas de la gente que pasaba frente Daniel. Le relajaba escuchar la lluvia, sentirla recorrer su rostro, pero algo perturbó su efímero descanso. Las pisadas acercándose se escuchaban cada vez más a causa de la lluvia y el agua que había dejado en el suelo.
- ¿Qué ocurre, Daniel? No trates de entenderlo, no tiene sentido, simplemente necesitaba materiales para mis obras.
El hombre que se había acercado para visitar a Violeta, estaba allí presente, hablándole.
- No le busques una solución a esto, -añadió- simplemente deja que las cosas fluyan.
- ¿Quién eres? -gruñó Daniel, mirándole de reojo. Su presencia le inquietaba cada vez más, y esa sonrisa cruel hacía que Daniel tuviera cada vez más ganas de levantarse y quitarle esa sonrisa a golpes.
- Verás, Daniel, yo... soy un artista. Tú también lo eres en cierto modo, ¿no? Esos pensamientos que te abruman son, a fin de cuentas, una bonita obra de arte cuyo único creador eres tú. Y yo, al igual que tú, creo cosas. ¿Quieres ver mi colección?

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NotaPublicado: 17/Sep/2015, 21:13 
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Registrado: 10/Jun/2011, 18:01
Ubicación: ajatt.com
Bueno, ahora aparte de pedófilo, viaja en el tiempo.
A ver esas obras de arte humanas (en realidad da mal rollo, algo en plan el ciempiés humano xD)
A saber qué hacen con el cadáver el padre.
Está interesante, estaré esperando el siguiente xD
Saludos!

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NotaPublicado: 18/Sep/2015, 16:22 
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Registrado: 11/Sep/2015, 17:36
Ubicación: en mi galaxia
Tocho 2.0, lo que hay que ver... Cada vez la moviola se hace más rara, y espero que no se haga también indigesta o cansina. No es una historia vacía y sin fondo moral como la mayoría de bestsellers (50 sombras de Grey, Harry Potter, el Corán, etc). [Humor, señores, humor; no me peguéis.]

CAPÍTULO V: Temple, serenidad, memoria

- ¿Tu…colección…? –respondió Daniel ante esa pregunta tan inesperada.
- Ya te lo he dicho, soy un artista. Mi especialidad es la escultura. Acompáñame, Daniel, no está lejos, de echo está aquí mismo. Al otro lado del hospital.
Daniel acompañó con inseguridad al hombre que silbaba al son de la noche, como si todo tuviera sentido. Realmente aquel hombre parecía relajado, incluso más de lo normal, pues es raro y perturbador ver a alguien silbar de felicidad en un hospital.
Detrás del hospital había un patio exterior, con varios cerezos en flor, cosa que extrañó a Daniel debido al mes en el que se encontraban. Se situaron justo en el centro del patio y contemplaron unas estatuas que los rodeaban. Seis estatuas en total, cada una hecha con un material distinto al resto.
- Vamos, contempla mis obras, estoy seguro que algunas te resultarán familiares.
Daniel no prestó mucha atención a ese comentario, y se fue acercando a contemplar de cerca las estatuas, que se encontraban situadas cada una encima de un pedestal de piedra. En cada pedestal había una placa de plata con una inscripción corta en ella. La primera estatua, de mármol, con una inscripción que decía “Noche”, representaba un ángel joven arrodillado y con el rostro cubierto con sus propias manos.
- ¿Qué representa? –preguntó Daniel, mientras exhalaba aire frío por la boca.
- Ésta, la desesperación. Como habrás observado, todas las esculturas representan ángeles. El ángel es la mayor mentira creada por el hombre, y siempre se mantendrá como una mentira, simplemente podemos embellecer ese crimen para que parezca algo bonito, ¿no crees?
- ¿Y las inscripciones qué significado tienen? –añadió Daniel, pasando la mano por la escultura.
- La causa. –respondió el hombre, mientras observaba su mano izquierda con cierta tristeza. Daniel se percató de eso, mirando de reojo, pero no le dio mucha importancia, a fin de cuentas la mayoría de los artistas tienden a ser depresivos.
La siguiente estatua constaba de dos ángeles. Eran dos chicas, una mayor que la otra, cogidas de la mano y con la postura corporal de ir andando hacia algún sitio. La escultura estaba hecha de ámbar y tenía una inscripción con la palabra “Ángel”. Daniel levantó un poco más la vista y se fijó en que esa pareja llevaba los ojos vendados, pero con una venda que alguien le había puesto a propósito.
- ¿Te gusta la estatua? –preguntó el hombre al ver que Daniel se quedaba quieto mirando la escultura.
- ¿Por qué tienen los ojos vendados? –preguntó Daniel, sin haber prestado atención a lo que el hombre le había dicho.
- Porque una no quiere ver el final y la otra no lo ha visto nunca. Verás, esta obra es una de mis favoritas. Representa, como habrás deducido, el destino. Pero no un destino cualquiera, un destino forzado por alguien más. Los artistas estamos hechos para darle un sentido a nuestras creaciones, y al hacerlas ya les estamos dando un presente, un pasado, y un futuro.
Daniel no fue capaz de preguntar nada más ante esa reflexión, sabiendo que lo que acababa de decir era una cruel verdad. Vista la estatua, se paró ante la siguiente. “Fuego”. Encima del pedestal había un ángel joven hecho de plata. El chico estaba de pie y sujetaba un orbe azul al que miraba con atención.
- Parece triste… -comentó Daniel, observando con curiosidad el rostro del ángel, que le resultaba extrañamente familiar.
- Está triste. Él encarna el arrepentimiento. Ese arrepentimiento que cargamos y que nunca podemos dejar en un rincón. Pero bueno, tú lo entenderás mejor que nadie… -replicó el hombre, diciendo lo último en un tono más bajo y desentendido.
El frío se hacía más notable a los ojos de Daniel. Cada segundo tenía más la firme sensación de que ese hombre se le estaba acercando, pero cada vez que miraba ahí seguía, mirándole a los ojos sin mediar palabra.
Daniel se dirigió a la estatua de al lado. “Ámbar”. Encima del pedestal se encontraba un ángel, de hielo, dando la espalda a Daniel y mirando de reojo con desprecio. Desde donde se encontraba Daniel sólo se podía atinar a verle las alas, y medio rostro mirando con desprecio al espectador. Pero Daniel no se quedó ahí y fue a verle el rostro desde el otro lado. Realmente no sabía qué sentir cuando vio que, desde el otro lado, el rostro oculto del ángel lloraba.
El hombre se acercó un poco a la estatua, le tocó las alas, y comentó:
- Frialdad, orgullo, desprecio… Lo que por fuera se muestra digno e indiferente, por dentro llora. Esa razón que todos ocultamos y que pocos son capaces de sacar a la luz.
- ¿Cómo haces todo esto? Quiero decir… -intentó preguntar Daniel, pero al oír esa corta pregunta, el hombre pareció emocionarse.
- ¿Cómo? No te preguntes cómo, pregúntate por qué. ¿Ves la quinta estatua?
En el quinto pedestal no había nada, simplemente el pedestal. Pero sí que había una inscripción, ésta tenía la palabra “Vida” escrita.
- No hay nada. ¿Aún te queda esta obra por hacer? –preguntó Daniel, girándose hacia el hombre.
- Me queda una obra por hacer, pero no es esa. Ese pedestal sin nada encima forma parte de la colección. No fui capaz de encontrarle una metáfora al resultado de la vida. Simplemente fui capaz de dejarlo así, a gusto del espectador. ¿Qué sentido tiene la vida cuando te lo arrebatan todo, Daniel?
Daniel se quedó helado, como la estatua que había observado momentos antes, al escuchar esa pregunta. “¿Qué sabe este tío de mí?” se preguntaba con temor.
- Daniel, escúchame, ahora no tienes nada, ¿qué sientes? –preguntó el hombre, con frialdad, mientras se acercaba a Daniel –nada, Daniel; nada. Ven, colócate aquí.
El hombre aprovechó el estado de shock de Daniel para moverlo poco a poco al centro del patio, empujándolo con una mano.
- Mira debajo de ti, Daniel –añadió.
Debajo de ellos, en el centro del patio, había un gran círculo de piedra por el que antes habían pasado indiferentemente. Daniel se agachó ligeramente para ver la última inscripción de todas: “Amanecer”.
- ¿Amanecer? –preguntó Daniel, sin dejar de mirar la inscripción.
- Estas palabras son simples metáforas. Todo tiene un significado más allá de lo que parece, y sé que te lo imaginabas desde un principio. Escúchame, Daniel, ya no puedes evitar la muerte de tu mejor amigo, sólo puedes asumirlo y aceptar lo que ocurrió.
Daniel, que se encontraba pensativo y tranquilo viendo lo que le rodeaba, iba a explotar enfurecido por ese comentario que, más allá de ofenderle y recordarle sus errores, notó en ello cierto tono de burla. Pero antes de que pudiera decir o hacer nada, la estatua del ángel que sujetaba el orbe se resquebrajó y, segundos después, ante ellos había un montón de restos de lo que hacía un momento era una bonita estatua. Aun con esas, el orbe se encontraba intacto en medio de los restos.
El hombre, sin modificar el tono liviano de su voz, agachó exasperante la cabeza y dijo:
- Tu amigo ha llevado ya demasiado tiempo el peso de ese error. Ahora te toca llevarlo a ti.
Daniel, en shock, sin saber qué decir o pensar, se acercó al orbe y lo agarró con fuerza. Era pesado. Demasiado pesado para él.
- ¿Quién… eres? –preguntó Daniel, con voz temblorosa ante tal espectáculo.
- Es hora de dormir, Daniel. Nos veremos pronto. –respondió el hombre, mientras se giraba y se iba silbando, desapareciendo en la vista de Daniel. Intentó levantarse y perseguirle, pero segundos después cayó al suelo, desmayado por el cansancio.

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NotaPublicado: 23/Sep/2015, 17:22 
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Registrado: 10/Jun/2011, 18:01
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Mola, los amigos de Daniel son estatuas xDD
Ese tío se ha chutado alguna cosa.
A ver qué ocurre.

Chao!

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NotaPublicado: 28/Sep/2015, 00:52 
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El sueño me puede a estas horas. Cansancio quizás, seré breve. Encantador.

Odio las estatuas. Y las estatuas de ángeles.

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NotaPublicado: 03/Oct/2015, 22:09 
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¡Joder, qué susto! Casi cuelgo este capítulo desde una cuenta alternativa que ya ni me acordaba que tenía (facepalm) En fin, lamento la espera, pero he estado algo ocupado. Aquí os traigo la continuación :)
¡Espero que sea de vuestro agrado! Y sí, soy consciente de que es algo corta, pero eso es lo que me interesa en este capítulo, ya entenderéis por qué.


CAPÍTULO VI: Reminiscencia

Una fría corriente de aire despertó a Daniel esa mañana. El despertador marcaba las 6:23 AM. Daniel miró hacia un lado, aún adormecido, y se percató de que la ventana estaba abierta.
- ¿Qué ha pasado, ha sido un sueño? ¿Qué hago aquí? -preguntó, dando un sonoro bostezo.
El sol se dejaba ver en el horizonte, manchando con su luz el cielo de la mañana. Daniel se levantó para cerrar la ventana y pensar en lo que acababa de soñar. Mas cuando se levantó, vestido, pues al parecer se había dormido con la ropa del día anterior, vio que tenía algo en el bolsillo.
- ¿Pero qué leches...? Esto no puede ser real.
Cerró la ventana con una mano mientras hurgaba el interior del bolsillo de su pantalón con la otra. En el bolsillo se encontraba la nota y el dispositivo USB que el médico, de ese aparente sueño, le había entregado. En ese momento Daniel buscó su móvil desesperadamente para ver qué día era y saber si las casualidades empezaban a conspirar contra él. 22 de Octubre.
- Esto no puede ser verdad, ¡ayer estábamos en Noviembre! Será un problema de este "tamagochi" chapuza.
Daniel corrió a toda prisa hasta el comedor para ver el día que marcaba el calendario que tenían puesto allí. 22 de Octubre, la misma fecha. Se quedó callado, pensativo, cansado y confuso ante lo que estaba ocurriendo. Pensó durante unos segundos una explicación lógica para lo que estaba viviendo, pero cuando se disponía a llegar a una conclusión, tan banal como sus anteriores ideas, se escuchó un estruendo en la habitación que acababa de abandonar; su habitación. A toda prisa subió las escaleras y, cuando abrió la puerta, no encontró nada raro a excepción de que la ventana, que hacía unos minutos había cerrado, se encontraba abierta de nuevo. Daniel se acercó, cerró la ventana y se sentó en la cama, pero notó algo raro debajo de él.
- ¡Tchs! Me he sentado sobre un libro o algo.
Era el cuaderno que Daniel guardaba con recelo.
- ¿Qué hace esto aquí, cuándo lo he sacado del cajón?
Lo abrió y pasó las páginas rápidamente. No trataba de leerlo o buscar algo, sino de recordar con nostalgia los tiempos en que corría a toda prisa a su habitación para continuar el sueño de su amigo.
- No soy digno de terminar lo que empezaste... a veces pienso que... -en ese momento un trozo de papel se dejó caer de entre dos de las páginas del cuaderno. Daniel recogió la hoja con curiosidad y la abrió, pues se encontraba plegada, sin saber qué hacía un papel ahí dentro si él no lo había puesto y nadie había leído nunca su cuaderno.

Daniel, deduzco que ahora piensas que todo lo ocurrido ha sido un sueño, y tal vez así sea, pero quiero darte el descanso que te mereces; pero tendrás que ganártelo, lógico. Esto será un juego si quieres que lo sea, pero yo sólo cumplo su voluntad. Ahora tendrás tiempo para liberarte de las cargas que tanto te consumían. Bueno, no todas. Lamento la muerte de tu amigo hace años, pero sin esa muerte ahora no podrías conservar este cuaderno, y necesito que esté en tu posesión. Acuérdate de los ángeles. Ahora puedes cortarles las alas por ti mismo y dejar que sean libres,
qué irónico...

PD: Este cuaderno está lleno de curiosas reflexiones, y veo que pretendes mantener viva la voluntad de tu amigo -acto respetable, sin duda alguna-, más creo que en estas palabras hay un veneno que te está haciendo daño a ti también, ¡ve con cuidado!
¡Ah, que no se me olvide! Tus padres ahora son parte de mi obra. Ellos serían una molestia en tu camino hacia el descanso. No están muertos, simplemente reposan como estatuas junto a mí.

un saludo,

El coleccionista de ángeles.



La nota pareció absorber la mente de Daniel, que balbuceaba intentando decir algo.
- Esto... esto... esto... es real...

_________________
Ni en el eterno marchitar de los tulipanes, ni en el germinar de la ignorancia, aún cuando la luz parece de tu lado, no podremos sentirnos iguales; pues ni con la llama llena de gracia, arderá lo que ya se ha quemado.


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Redención: el coleccionista de ángeles (Cap 6!)

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